jueves, 19 de agosto de 2010

Genotipo chilensis revela por qué somos como somos

Por Jeniffer Vega

15 generaciones nos separan ya de los primeros chilenos que comenzaron a construir el país republicano que somos hoy en día. En el transcurso de estos 200 años, hemos crecido 20 cemtímetros, desarrollado un sentido isleño y subido varios kilos, pero también conservado enfermedades y adaptado a las zonas geográficas según estemos en el norte o el sur del país. Aquí una revisión meramente genética al ser chileno.

Domingo 19 de septiembre de 2010 LND Reportajes

Margarita Echeverría tiene 75 años, pesa 85 kilos y mide 1 metro 55 centímetros de altura. Su cabello negro, cuerpo enjundioso y piernas cortas son la clásica imagen de una típica mujer chilena. Su hija, Linda Vega, mide diez centímetro más que ella y la hija de ésta, Camila Santibáñez, termina el árbol genealógico del matriarcado con 1 metro 70. Un cuadro que según los expertos se debería repetir en la mayoría de las familias chilenas, ya que nuestra población tiene un crecimiento promedio de un centímetro por década, o sea, los compatriotas de este bicentenario son mucho más altos que los hombres que celebraron los 100 años de la Independencia de nuestro país.

0 positivo y dientudos
Un dato interesante que se suma a la construcción de la radiografía del origen del chileno, que tiene en sus orígenes sangre y genes españoles, aborígenes y esclavos negros. Por eso sus dientes tienen forma de paleta y su grupo sanguíneo es mayoritariamente 0. Antecedentes genéticos que unen a los habitantes de esta larga faja de tierra y que puede sonrojar a los compatriotas que gustan de buscar el parecido con rancios antepasados ingleses o italianos, que en la mayoría de los casos son opacados por el gen de los aborígenes que poblaban esta tierra en 1541, más de 15 generaciones pasadas.

Genéticamente resistentes

“La gran característica de la población chilena es que tiene un componente importante de genes aborígenes, pero con una gran variabilidad de otros genes como los españoles, con alemanes en el sur y croatas en el norte del país. Esto hace que nuestros genes mejoren y como dice Darwin, “a mayor variabilidad genética, mayor capacidad de resistir condiciones climáticas hostiles”, cuenta el genetista Gonzalo Gajardo de la Universidad de los Lagos. Según él, es esa mezcla la que hace que los chilenos estemos tan acostumbrados a los temblores y que podamos sobreponernos de manera casi inmediata a la furia de un gran sismo. Como nuestros genes tienen memoria, recuerdan cómo protegerse de desastres naturales pasados, lo que sumado a la transmisión oral de estos hechos, logran que los chilenos seamos una raza resistente a tsunamis y aluviones.

Resistencia minera
Si esto mismo lo extrapolamos a cada región donde el chileno evoluciona según las condiciones climáticas y ambientales podemos obtener que, según la zona que se habita, se van exacerbando ciertas características. “En el caso de los mineros atrapados en Copiapó que han sido expuestos a una presión extrema como el aislamiento, ellos han dejado en evidencia las fortalezas que poseen gracias a los factores genéticos transmitidos de padres a hijos, como la trayectoria en trabajos pesados, lo que ha logrado que puedan sobrevivir a 700 metros de profundidad”, explica el doctor Gajardo, quien además hace hincapié que otro grupo de la población chilena podría no responder de la misma manera porque tiene otra memoria genética, como sucede con los pescadores en el sur del país que están creados para soportar más el frío en alta mar que el trabajo con menos luz solar.

Francisco Rothhammer, genetista de la Universidad de Chile, muchas veces en la población se da una selección de genes para lograr mayor sobrevivencia. Y un caso claro de ello es el que se da en personas que viven a 4 mil metros de altura como sucede en las regiones de Iquique y Arica y Parinacota. “Hay gente que está adaptada genéticamente para sobrevivir en altura, tienen mejor calidad de vida en este nivel y por ello está capacitada físicamente para desempeñar labores en esa zona, como es el caso de los mineros, que trabajan a tajo abierto en minas a esta altura”, explica el experto.

¿Por qué amamos lo extranjero?

Pero Gajardo también asegura que, a pesar de este tipo de variaciones, hay una característica que sobrepasa todas las fronteras y que mete en el mismo saco a la clase baja de nuestro país -que tiene 56% de sangre aborigen- como a la clase alta -que tiene un leve porcentaje de ella-: la falta de identidad. “Los chilenos no sabemos quiénes somos, no tenemos identidad y por ello siempre miramos al extranjero. Para el chileno es más choro hablar en inglés y pronunciarlo bien que nombrar nuestras cosas en otra lengua (aborigen). Creemos que somos mejores si tenemos un pariente en algún país lejano y eso se debe a que Chile es una isla geográfica, estamos encerrados entre mar, cordillera y desierto, lo que hace que tengamos poca mezcla en nuestras tierras, que nuestros rostros tengan una estructura homogénea y que miremos los rasgos extranjeros como mejores”, sentencia el representante del Darwin Institute en Chile.

¿Por qué más gordos?
Margarita nació en Temuco donde dice que aprendió a hacer cazuela de ave matando la gallina con sus propias manos y recogiendo las papas en el jardín. Aún hoy en su mesa se sirven cinco platos de comidas a la hora de almuerzo y en la tardes es obligatorio disfrutar un mate con leche. Cuando va a control médico, dice que sus doctores la felicitan por las porciones y distribución de carbohidratos y proteínas que tiene su menú. “Me dicen que esas proporciones son excelentes y no necesito vitaminas para mis huesos”. Al contrario, su nieta Camila con apenas 18 años de edad, confiesa que diariamente “tomo pastillas de calcio, remedios para la cefalea y rara vez dejo la dieta de hamburguesas con papas fritas”, lo que según la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes es una verdadera epidemia entre la última generación de chilenos que comienza a desarrollarse.

“Los chilenos del bicentenario son adictos al azúcar y la sal, los que son adictivos y lamentablemente en 30 años ha logrado que el 38% de los chilenos tenga sobrepeso, cosa que en los años 70 era impensable. Al contrario, teníamos altos índices de desnutrición en la población. Nos pasamos de un extremo a otro”, explica el endocrinólogo Hernán García.

Una explicación de este fenómeno es que en Chile se ha instalado la cultura de la comida rápida. El charquicán, los porotos con rienda y el pastel de choclo son comidas que requieren mucho trabajo y se relegan a ocasiones muy especiales. Eso se debe a que el chileno ha acortando su hora de almuerzo, el cual hoy consta mayoritariamente de un solo alimento, más una bebida gaseosa. Estos hábitos alimentarios perjudiciales nos han puesto en el ranking de la obesidad como uno de los países con mayor índice de niños con sobrepeso con una cifra del 18%, lo que nos sitúa en vías de desarrollo.

¿Por qué más altos?

Otra alteración en nuestros cuerpos ha sido el aumento de nuestra estatura, como lo confirmábamos al principio de esta nota. A inicios del siglo XX el promedio de las mujeres chilenas llegaba al metro 45 centímetros y los hombres al 1,60. Esto debido a que el 25% de la población vivía hacinada y existían graves problemas y enfermedades generados por la falta de agua potable. Hoy, nuestra estatura es semejante a la de países como Estados Unidos o Inglaterra, ya que compartirnos hábitos similares de alimentación y vivienda.

Ojos rasgados y pómulos altos

El doctor genetista Francisco Rothammer ha dedicado gran parte de sus estudios a determinar el origen del gen chileno y ha logrado descubrir que el 80% del ADN de los connacionales es transmitido sólo por la madre y es de origen indígena. Sin embargo, los cromosomas que determinan el sexo masculino son, en su mayoría, de procedencia europea, lo que demuestra que el cruzamiento mayoritario en nuestro país se dio entre hombres europeos y mujeres indígenas.

“En el Valle del Elqui encontramos 12% de genes africanos en la población, quedando claro que esa zona fue un asentamiento de esclavos en épocas pasadas, que dejan su impronta en la actualidad”, comenta el especialista.

Pero de todas las mezclas étnicas que tenemos los chilenos, una de las más antiguas es la dejada hace más de 12 mil años, la de los asiáticos que poblaron nuestras tierras y dieron forma a nuestros aborígenes. De ellos heredamos la mayoría de nuestros rasgos faciales, incluso, la mirada de ojos rasgados que para el resto del planeta parece tan sensual en nuestras mujeres.

“Las características de la arcada dental de los chilenos, los ojos rasgados y los pómulos levemente levantados son rasgos asiáticos, incluso, la baja estatura de nuestros indígenas también se la debemos a ellos”, explica el genetista, quien destaca además que los chilenos somos uno de los pocos pueblos con diformismos sexuales en la estatura entre hombres y mujeres. “Hace décadas atrás, la estatura de la chilena era muy baja respecto a los varones, quienes desde siempre han estado en la media del resto del mundo. Esto supone una disparidad sexual en los genes chilenos, que con el pasar de los años se ha ido disminuyendo”, sentencia Rothammer.

Según Margarita Echeverría esta característica era común en sus años mozos, incluso recuerda que ella tenía que empinarse para besar a su marido a pesar de usar tacos aguja como dictaba la moda de los ’60. “Yo siempre fui más baja que mis hermanos, mi mamá no le llegaba ni los hombros a mi papá que alcanzaba casi los dos metros. Cuando paseaban tomados de la mano parecía llevar un llavero colgando, pero a nadie le llamaba la atención porque era común entre las mujeres, sobre todo en el sur, donde las mujeres delgadas, bajas, de pie pequeño, eran muy cotizadas”, aclara la cabeza de la familia analizada. //LND

Chilenas: “Entre putifrunci y sexy”

El ser más alto, bajo, flaco o gordo son características que determinan nuestros genes y que van evolucionando con el tiempo, pero nuestro sex appeal o manera de relacionarnos con el resto también la llevamos en la carga genética. Al menos así lo asegura el sociólogo Pablo Huneeus, quien no se explica de otra forma que las chilenas llevemos 200 años “encargándonos de las tareas del hogar o siendo ‘putifruncis’ a la hora del coqueteo”.

-¿Cómo describiría al chileno del bicentenario?

-El chileno tiene tres características esenciales. La primera: es afable en la intimidad, pero fuera de ella se puede comportar de la peor manera. Somos tribales y nuestro foco se fija solamente en nuestro círculo cercano. Si estás fuera de él, es como si no existieras. Dos: somos tramitadores, nos gusta el papeleo y si hubiera una competencia internacional del trámite ganamos por lejos. Eso mismo hace que seamos buenos para el chanchullo, porque aunque el papeleo es parte de nuestra vida, siempre andamos buscando la pillería para evitar alguno de ellos. Tercero: somos mamones, dependientes absolutos de la mujer, sufrimos de mamitis aguda y el mejor reflejo de ello es la gran popularidad de la ex Presidenta Michelle Bachelet, la “mamita” de Chile. Representa al personaje principal de nuestra historia, la que cría a los hijos y mantiene la casa calientita y que no discute con nadie porque su trabajo es tener a todos felices.

-¿Cómo se identifica a un chileno en el extranjero?

-Los chilenos somos muy fáciles de reconocer. No sé si es por una actitud o una característica física especial, es un algo indescriptible, pero que siempre entre nosotros reconocemos. Imagínate que una vez estábamos con mi esposa en Francia, disfrutando de un concierto de música barroca entre miles de personas y de repente ella me comentó al oído que creía que el chelista era chileno. Al finalizar el concierto nos acercamos a la banda y hablamos con el chelista. ¡Era chileno, vivía en La Serena!...

-¿Y las mujeres chilenas, también tienen alguna característica que las haga únicas?

-La mujer chilena es única, muy codiciada en el extranjero por esa cosa tan contenida que tiene. Es entre putifrunci y sexy, como que quiere pero no, que la hace tan atractiva y que creo es una característica que llevan desde la colonización. No es algo físico, que quede claro, es algo interior que hace que los chilenos que viven en el exterior terminen siempre casándose con niñitas de mismo barrio. Es más, la fama de que la chilena es buena esposa, trabajadora, leal y economizadora en el hogar ha llegado lejos, tanto, que en Francia aseguran que las chilenas son rompe-hogares, porque el extranjero que llega a nuestras tierras se queda atrapado por la mordedura fatal de nuestras mujeres, que es mortal como la del bulldog que no suelta más a su presa.

Enfermedades made in Chile

La herencia genética de nuestros aborígenes también nos ha otorgado enfermedades que son exclusivas de los chilenos o que, por lo menos, se dan más en nuestro organismo que en el del resto del mundo. Así por ejemplo, el 14% de las chilenas embarazadas presenta colestasis intrahepática o ictericia, enfermedad que interfiere en el flujo normal de la bilis en los intestinos, acumulando de esta forma sales biliares en la sangre del paciente, lo que produce picazón y prurito en el cuerpo de la madre y una piel amarillento en el feto al nacer.

“Hay evidencia que este tipo de enfermedades proviene de los grupos aborígenes chilenos. Ellos son los portadores y con la mezcla de genes ha podido sobrevivir hasta nuestros días. Es una característica de los indígenas chilenos, por ello también se explica que el 40% de las mujeres chilenas deba operarse de cálculos biliares, lo que es muy alto en comparación con el resto del mundo, dejando en evidencia que nuestros cuerpos están predeterminados para sufrir este tipo de enfermedades”, explica el genetista de la Universidad de Chile, Francisco Rothammer.

Es más, en poblaciones indígenas que no han sufrido mucha mezcla genética, la predominancia de esta enfermedad llega al 29% y se repite en todas las mujeres de la familia. “Estos problemas hepáticos también dejan en evidencia que nuestros aborígenes tenían una dieta muy diferente a la nuestra, ya que con el cambio de dieta de la población actual hacen que estas enfermedades detonen más rápidamente como el caso de los cálculos de colesterol”, asegura Rothammer.

Genes clasistas

La diversidad genética de los chilenos es una de las grandes riquezas que se debe celebrar en el bicentenario pero, aunque sea difícil de creer, los genes tienen una característica negativa muy expandida en nuestro país: el clasismo. Según el estrato social al que se pertenece, la conformación genética va variando, esto no quiere decir que seamos mejores o peores según nuestro concentrado mitocondrial, sólo que nos hace un poco diferentes.

“Los estudios demuestran que en los niveles socioeconómicos altos la mezcla indígena llega a 27%, mientras que en el sector medio a 32% y en los sectores bajos de la población a 52%. Es más, en Arica, por ejemplo, la mezcla aymara está presente en 52% de sus habitantes, pero en los sectores con menos recursos y en Santiago la etnia más expandida es la picunche”, explica Francisco Rothammer.

Esto se suma además a que “el alto porcentaje de mezcla aborigen en los sectores más vulnerables se debe a la segregación histórica de clases”, asegura el genetista, ya que desde la colonia eran los españoles y criollos quienes portaban los cargos de poder y eran los dueños de la tierra.

Fuente: La Nación - Domingo - 19.09.10

No hay comentarios: